Mostrando entradas con la etiqueta Etimología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Etimología. Mostrar todas las entradas

Canoa


Viernes 26 de octubre. Estuvo de las dichas islas de la parte del Sur. Era todo baxo cinco o seis leguas, surgió por allí. Dixeron los indios que llevava que avía de ellas a Cuba andadura de día y medio con sus almadías, que son navetas de un madero adonde no llevan vela. Estas son las canoas.

Cristobal Colón: "Diario de a bordo".


Este es un fragmento del diario que relata el primer viaje a América de Cristobal Colón, en el que el mismo almirante explica lo que es una canoa.
En fragmentos anteriores del diarío, también hace referencia a las embarcaciones en las que navegan los indios pero no las define como canoas, sino como almadías. En este último fragmento en cambio compara ambas definiciones de embarcación.

La palabra canoa es el primer americanismo que se introdujo en el idioma español, proviene de los indios taínos que poblaban las islas caribeñas de Cuba, La Española y Puerto Rico y con las cuales pescaban y viajaban por los ríos y la costa sin alejarse mucho de sus respectivos lugares.


Los taínos debían de ser los mejores y más experimentados navegantes de la región del Caribe. 
Desde algunas fuentes se evidencia que tenían canoas con capacidad de 75 tripulantes o más, cada uno con su remo, eran construídas de madera fuerte, preferiblemente de madera de ceiba y eran ágiles y ligeras.
Con estas canoas, a pesar de que en general navegaban por la costa cercana, también realizaban intercambios comerciales entre las islas.
Conocían como nadie estos mares caribeños y por ellos sirvieron de guía a los conquistadores españoles. 

 

Fastos y nefastos

En época romana los días se dividían principalmente en dos tipos, días "fastos" y días "nefastos", según fuesen para guerrear, para tomar decisiones, para pleitear, para celebrar reuniones políticas, para trabajar.

El motivo para diferenciar los días es que estos no pertenecían a los hombres, sino a los dioses y su origen podía estar en que los deberes para con los dioses están antes que los intereses para con los hombres, es decir que los días dedicados a los dioses tienen absoluta preferencia, de tal modo que quien se los salta desatendiendo sus deberes para con ellos por atender a sus cosas, ha de contar con que no le saldrá bien lo que haga en ese día.

Los días en el calendario romano en los que se podían llevar a cabo actividades de carácter jurídico o legislativo y los negocios públicos estaban marcados con una "F", eran los "fastos". Dentro de ellos había otro tipo, marcados con una "C" (de "comitia") en los que se podían llevar a cabo los comicios.
Por su parte, los días "nefastos", marcados con una letra "N", estaban dedicados a los dioses y por tanto sólo se permitía la actividad religiosa.
El actual significado de nefasto quizá se debe a que se ha tomado la faceta negativa de esos días, los días en los que no se podía hacer lo que se quería, eran días proscritos, inapropiados o perdidos para la realización de muchas actividades.
Teniendo en cuenta que los primeros eran 245 y los segundos 109, se puede deducir el peso del ámbito religioso para los romanos, dedicando a su actividad casi el tercio de los días.


Existían también días "intercisi" o cortados, días que eran nefastos hasta que no se acabasen determinadas celebraciones religiosas, y empezaban a ser fastos en cuanto terminaban esas ceremonias. 
El 24 de marzo, por ejemplo, y el 24 de mayo eran nefastos hasta que hubiesen concluido los solemnes sacrificios del día, y por tanto era arriesgado emprender cualquier cosa.
Una vez acabados los sacrificios, se convertían en días "fastos", y ya podían dedicarse al trabajo o a los negocios.
Otro ejemplo de día "intercisi" era el 15 de junio, dedicado a limpiar el templo de Vesta, día nefasto mientras no se concluyese esa limpieza.


Los romanos no tenían bien definida la semana y tenían una gran dispersión de los días fastos y nefastos.
En un tiempo el calendario era secreto, custodiado por los sacerdotes, de manera que el pueblo tenía que acudir a éstos para que les dijeran si los días eran fastos o nefastos.
N. Flavio, un escriba, los expuso en el foro escritos en una tabla, dándolos a la luz pública, pero de todos modos, la mayor parte de los días eran nefastos, y no les quedaba más remedio a los romanos que terminar acudiendo a los sacerdotes para que les pronosticasen y orientasen y no sólo eso, sino que mas tardiamente llegó a intervenir el senado a modificar por ley los días fastos y nefastos o a decretar que en determinados días no debería entrarse en combate, porque la experiencia militar había demostrado que eran nefastos. 



La lista de los días fastos estuvo controlada primero por el Rey que era la máxima autoridad civil y religiosa. Fue el rey Numa Pompilio (Nvma Pompilivs) el primero en diferenciarlos.
Al instaurarse la República todas las funciones de culto público las asumió el "Rex Sacrorum", de tal forma que a este competía la promulgación de las fiestas y el control del calendario, pero esta situación no duró mucho y durante el siglo V A.C. se produjo un cambio en el ámbito religioso que despojó a este "Rex" de la mayor parte de sus poderes quedando como mera figura representativa y protagonista de ciertos rituales. 
Todas sus funciones pasaron a manos del "Collegium pontificium", encabezado por el "Pontifex Maximus" y a partir de entonces será ésta figura quien administre el calendario casi sin obstáculo por parte de los demás sacerdotes y magistrados. Esta prerrogativa llegó a convertirse en una nada despreciable herramienta política a lo largo de la historia de Roma. 

La importancia de esta facultad tenía mucha importancia ya que el control del calendario convertía a los pontífices en los árbitros indiscutibles de la política de la Urbe. Por ejemplo, los días aptos para las asambleas "dies comitiales" eran muchos pero estaban limitados por la existencia de los días "nefasti" y "fasti" y de esta forma, una manera de impedir la elección previsible de ciertos candidatos o la aprobación de algunas leyes fue mediante la toma de los auspicios antes de la celebración de cualquier asamblea, para posteriormente declarar el día "fasti" o "nefasti".
El origen de este curioso reparto de los días debió ser muy antiguo ya que en los textos conservados ningún autor hace referencia a que se tratase de una costumbre nueva, ni siquiera reciente. En tiempos de la monarquía existía ya la separación en tribus y curias, lo cual indica la celebración de asambleas de distinto tipo, es posible pensar en la existencia de una necesidad latente de ordenar las actividades públicas en "dies comitiales", las privadas en "dies fastus", y separar ambas de las puramente religiosas en dies "nefasti" y "festi", si bien es cierto que no hay prueba alguna que permita remontar hasta una época tan temprana la aparición de esta división.

Cuaderno de bitácora

En la marina el cuaderno de bitácora es el libro en el que los marinos anotan el estado de la atmósfera, los vientos que reinan, los rumbos que se hacen, la fuerza de las máquinas con que se navega o aparejo largo en los de vela, la velocidad del buque y las distancias navegadas, observaciones astronómicas para la determinación de la situación del buque, así como cuantos acontecimientos de importancia ocurran durante la navegación.
Antiguamente, cuando los buques carecían de puente de mando cubierto, era costumbre guardar este cuaderno en el interior de la bitácora para preservarlo de las inclemencias del tiempo.




La bitácora en sí es un armario o caja de madera. Parece que su origen proviene de la palabra francesa "bitacle" que a su vez deriva de "habitacle" y esta de la palabra latina "habitaculum" (casa pequeña).
Con el tiempo ha llegado a designar un pequeño armario de forma cilíndrica o prismática, fija a la cubierta de un barco junto a la rueda del timón, y en la que va montada la aguja naútica mediante suspensión cardán (método de suspensión) para que siempre se mantenga horizontal a pesar de los balances y cabezadas del buque. En su interior se colocan imanes y al exterior dos esferas de hierro dulce, para anular la acción perturbadora producida por los hierros de abordo y hacer uniforme el campo magnético que rodea a la aguja, con objeto de lograr que en todo momento señale el norte magnético.


Del contenido del cuaderno de bitácora se sirve el capitán para rellenar el diario de navegación.

Origen de la palabra "sincera"

El origen de la palabra proviene de la época del renacimiento, concretamente en España. Los escultores españoles cuando cometian algun error mientras tallaban estatuas de mármol caras, disimulaban los defectos con cera.

Asi, una estatua que no tenia ningún defecto y no necesitaba retoques era reconocida como una "escultura sin cera"

Con el tiempo la definición evolucionó hasta la conclusión de que quien no oculta nada, es una persona sincera.

Origen de la palabra "eco"

Veamos qué dice el DRAE sobre el eco. Nos vale con la primera acepción, aunque tenga otras muchas más, para el cometido de esta entrada.
eco.
(Del lat. echo, y este del gr. ἠχώ).
1. m. Repetición de un sonido reflejado por un cuerpo duro.
El origen de la palabra eco para significar esa “repetición de un sonido” viene de la mitología griega, concretamente del mito de Eco y Narciso.
Resumiéndolo, Eco era una ninfa que, por su excesiva elocuencia, con la que se burló de Juno, fue castigada a no poder más que decir unas pocas palabras.


Un día en el bosque, vio al joven y bello Narciso y se enamoró de él. Por cobardía no se acercó a él, sino que lo contemplaba desde la distancia, escondida entre los arbustos. Al notarlo, Narciso le hacía preguntas, a lo que ella respondía con brevedad con las mismas palabras de Narciso. Finalmente, rechazada por éste y avergonzada, huye a las cuevas, donde poco a poco, por la tristeza del rechazo, va menguando hasta que sólo le queda la voz.

Ovidio, en sus Metamorfosis (libro III), lo narra de forma magistral:
Así pues, cuando vio a Narciso, que vagaba por apartados campos, y se enamoró, a escondidas sigue sus pasos, y cuanto más lo sigue más se calienta con la cercana llama, no de otro modo que cuando el inflamable azufre, untado en la punta de las antorchas, arrebata las llamas que se le han acercado. ¡Oh, cuántas veces quiso acercarse con linsojeras palabras y añadir suaves ruegos! Su naturaleza lo impide y no le permite empezar; pero, cosa que le está permitida, ella está pronta a esperar sonidos a los que puede devolver sus propias palabras.
Por azar el joven, apartado del leal grupo de sus compañeros, había dicho: “¿Alguno está por aquí?”, y “está por aquí” había respondido Eco. Él se queda atónito y, cuando lanza su mirada a todas partes, grita con fuerte voz: “Ven”; ella llama a quien la llama. Se vuelve a mirar y de nuevo, al no venir nadie, dice: “¿Por qué me huyes?”, y tantas veces cuantas las dijo, recibió las palabras. Insiste y, engañado por la reproducción de la voz que le contestaba, dice: “En este lugar juntémonos” y Eco, que nunca habría de responder con más agrado a ningún sonido, repitió: “juntémonos”, y ella misma favorece sus palabras y, saliendo de la selva, iba a arrojar sus brazos al deseado cuello. Huye él y, al huir, aleja las manos del abrazo. “Moriré antes”, dice, “de que te adueñes de mí.”
Desgraciada se oculta en el bosque y avergonzada cubre su cara con ramas, y a partir de entonces vive en solitarias cuevas; pero, sin embargo, el amor está dentro y crece con el dolor del rechazo: y las insomnes preocupaciones amenguan su cuerpo que mueve a compasión, y la delgadez contrae su piel, y todo el jugo de su cuerpo se va hacia los aires; solamente le quedan la voz y los huesos: permanece la voz; cuentan que los huesos adoptaron la figura de una piedra. A partir de ese momento se oculta en los bosques y no es vista en montaña alguna, es oída por todos: el sonido es el que vive en ella.

Origen de la expresión "la suerte está echada"

Quien más quien menos habrá usado o al menos oído esta expresión: “la suerte está echada” (echada sin h, del verbo echar). Se utiliza cuando se ha hecho algo que implica un punto de no retorno; una vez hecho, no hay vuelta atrás.
Esta frase es de Julio César, y la dijo justo después de cruzar el río Rubicón con sus legiones. Este acto, el de cruzar un ejército el Rubicón, no era para nada trivial, y esto viene dado por lo siguiente:
El río tenía especial importancia en el derecho romano porque a ningún general le estaba permitido cruzarlo con su ejército en armas.
Marcaba el límite del poder del gobernador de las Galias y éste no podía -sino ilegalmente- adentrarse en Italia con sus tropas. La noche del 11 al 12 de enero de 49 ad, Julio César se detuvo un instante ante el Rubicón atormentado por las dudas: cruzarlo significaba cometer una ilegalidad, convertirse en criminal, enemigo de la República e iniciar la guerra civil.
Ante las dudas y los temores de cruzar el Rubicón y convertirse ellos mismos en enemigos de Roma, César cruzó él mismo el pequeño río para dar valor a sus hombres. Una vez en el otro lado, gritaría, si es que de verdad lo hizo, la famosa frase alea iacta est (iacta mejor que jacta, pues la j no existía en el latín de la época), que viene a significar la famosa “la suerte está echada”. Si algo malo había de pasar por cruzar el Rubicón, ya tenía que ocurrir indefectiblemente al haber cruzado César, por lo que no había motivo para que sus hombres no lo cruzaran.


Julio César cruza el Rubicón con sus legiones
Es interesante detenernos brevemente en el significado de las palabras:
  • alea vendría a traducirse por “suerte”; de aquí provienen palabras españolas como “aleatorio”.
  • iacta equivale al “echada”; de la misma raíz que esta palabra, vienen algunas como “eyectar” (que significa “expulsar”) o incluso “eyacular”.
Sin embargo, el historiador y biógrafo Plutarco de Queronea, en sus Vidas paralelas, indica que no pronunció esta frase en latín, sino que lo que hizo fue citar al comediógrafo griego Menandro: ἀνερρίφθω κύβος (que se leería más o menos anerrífzo kýbos), que vendría a significar algo como “que el dado haya sido tirado”, en clara alusión al comienzo de un juego de dados, haciendo una comparación entre lanzar los dados y cruzar el Rubicón.
El hecho de que lo dijera en griego viene dado por la costumbre que había entre los romanos nobles y cultos (como Julio César) de aprender, leer y hablar griego; esta fascinación por la lengua griega les llevaba muchas veces a, en momentos muy importantes de máxima excitación o inspiración, hacer citas de autores griegos para expresar sus sentimientos, cuando el latín no les resultaba suficiente. De hecho, se dice que cuando fue asesinado, entre otros, por su hijo adoptivo Bruto, César no le dijo “tu quoque, fili mi? (¿tú también, hijo mío?)”, sino su equivalente en griego. Dos momentos importantísimos de su vida que expresó en griego.

El origen de la expresión "Estar sin blanca"

Seguro que más de uno en alguna ocasión hemos utilizado de forma coloquial la expresión “Estoy sin blanca” para referirnos a que no llevamos dinero encima o estamos faltos de liquidez en ese momento.
 
Pues bien, dicha expresión procede de una moneda llamada "Blanca del Agnus Dei" y que fue acuñada en el año 1386 durante el reinado de Juan I de Castilla con motivo de las guerras contra el Duque de Lancaster.
Aunque de aspecto blanquecino dicha moneda era de plata y cobre. Con el transcurrir del tiempo, la moneda fue devaluándose y acabó siendo acuñada únicamente de cobre, siendo ínfimo su valor, por lo que alguien que no tuviese “ni blanca” representaba que estaba en la más absoluta de las ruinas.

Me ha costado un "ojo de la cara"

¿Cuántas veces habremos dicho que algo nos ha costado un ojo de la cara?, pero, ¿de dónde proviene dicha expresión?.
En el siglo XVI, durante las expediciones para explorar y conquistar “las Indias”, el conquistador manchego Don Diego de Almagro perdió un ojo por culpa de una flecha en el asedio de una fortaleza Inca. Al regresar a España se presentó ante el rey Carlos I y al despachar sobre la acometida en las nuevas tierras de la corona Don Diego se lamentó que:

"El negocio de defender los intereses de la corona le había costado un ojo de la cara".
Se supone que insistió tanto en el hecho de haber perdido el ojo que pronto esta frase se difundió rápidamente entre la corte, los soldados y el pueblo, llegando así hasta nuestros días.

Pasar la noche en blanco

Cuando una persona es incapaz de conciliar el sueño por un dolor, una preocupación u otro motivo, se dice que ha "pasado la noche en blanco".

El origen de este modismo está relacionado con la noche que ritualmente solían pasar sin pegar ojo aquellos que, durante el medievo, querían formar parte de ciertas órdenes de caballería.
La noche antes de ser armados caballeros, los aspirantes hacían velada de las armas que les honrarían como tales llevando como atuendo una túnica u otra vestidura blanca que simbolizara la pureza espiritual. El color blanco de las ropas y lo largo que se hacía la espera hasta el amanecer dio origen al dicho "pasar la noche en blanco".

Cotilla

La palabra "cotilla"

La persona murmuradora y que se mete en lo que no le importa debe su nombre a María Trinidad Cotilla, una madrileña más conocida como la Tía Cotilla.
Esta mujer se dedicaba con inusual celo a denunciar a cualquiera que le parecía de ideología liberal, en el periodo conocido como Década Ominosa(1823-1833).
Tejió a su alrededor una pequeña red de información y sus murmuraciones y delaciones llevaron a no pocos liberales a la cárcel o al cadalso. Baste una descripción de la época sobre este personaje.
Esta fanática de la política… estuvo implicada en varios asesinatos que se cometieron el 15 de agosto de 1835. Su maquiavélica y ágil mente era de tal calibre que, puesta al frente de una sanguinaria pandilla, acometía a cuantos liberales indefensos hallaba a su paso. De las declaraciones recogidas en el sumario se deduce que era “la mujer más inmoral que ha visto el sol y la más infame e indigna de vivir en sociedad”. Fue condenada a galeras en varias ocasiones, pero el asesinato de un tambor de Urbanos, Francisco Rancera, la llevó al cadalso.

A buenas horas mangas verdes



 


Durante el reinado de los reyes Católicos se crearon los cuerpos de la “Santa Hermandad”. Su función era la de ayudar en cualquier tipo de emergencia y vestían un uniforme cuyas bocamangas eran verdes. Lo que ocurre que se ganaron a pulso la fama de impuntuales pues cuando llegaban a donde eran requeridos ya se habían cometido los desmanes o siniestros. Incluso, las mismas gentes del pueblo habían solucionado el problema, por eso cuando se les veía llegar le solían gritar lo de “¡A buenas horas mangas verdes!”

Cabrearse

Aunque pueda parecer que el origen de esta palabra viene por la semejanza entre los movimientos compulsivos de las cabras y nuestros aspavientos cuando nos enfadamos, el verdadero origen  es otro. Se cuenta que en tiempos medievales, los vasallos de los duques de Medinaceli y de Alcalá que tuvieran cabras, debían de pagar un impuesto especial por, según los señores:
… lo mucho que comen (las cabras) y lo esquilmados que dejan los campos.
Todos los que debían de pagar esta tasa estaban en una lista y se decía que estaban cabreados, queriendo decir simplemente que estaban incluidos en la lista. Creo que no es difícil imaginar la asociación de ideas que fue llevando de un significado a otro. Si estabas cabreado(en la lista) estabas cabreado(enfadado).

Cursi

El origen de esta palabra es incierto aunque se cree que nació en Cadiz y, como no podía ser de otra manera, la cosa tiene su guasa.

Hay dos versiones. La primera nos habla de dos acaudaladas señoritas extranjeras que vivían en Cadiz cuyas rarezas en sus modos y vestidos las convirtieron en el blanco de los cantares y coplas. Las extranjeras se llamaban las señoritas Curt y Tessi, es decir, dicho en inglés de Cádiz, las zeñoritas Curtsi y Curtsi se quedaron.


Otra versión nos habla de las relamidas hijas de un satre Francés llamado Sicourt.

Como en el otro caso, estas dos mozas pronto se convirtieron en las protagonistas de chirigotas y sainetes especialmente en uno de Francios Javier de Burgos titulado La familia de Sicur, donde se cantaba: “Las niñas de Sicourt, Sicourt, Sicourt, Sicourt…”. De tanto repetirse la misma palabra las sílabas se trastocan y se termina cantando “Las niñas de coursi, coursi…”.

De todos modos, las tesis más serias (que no tiene por que ser la correcta) apuntan a que el origen de cursi efectivamente es andaluz pero que proviene del marroquí kursi, que significa figurón o personaje importante.

Significado palabra "llave"

Las primeras cerraduras que se usaron en Roma eran extremadamente simples: consistían en dos argollas, una en cada hoja de la puerta, en medio de las cuales se pasaba un clavo (clavus, clavi). Este sistema facilitaba en tal grado el trabajo de los ladrones que, para evitarlo, los artesanos fueron ideando sistemas más complejos en los cuales se confería al clavo una forma específica para cada puerta, de forma que sólo el dueño de casa o quien tuviera aquel clavo podía abrir y cerrar. Con esta novedad, el nombre del clavo cambió ligeramente para llamarse clavis (llave, clave).

El jurisconsulto Papiniano usaba la expresión clavem tradere con el sentido de ‘entregar la administración de los bienes’, y Cicerón usó claves adimere como ‘sacar las llaves a la mujer, repudiarla’. En sentido figurado, se usó clavis scientiæ como ‘clave de la ciencia’.
En castellano llave fue usada desde muy temprano, a tal punto que la palabra aparece ya con su forma actual desde los poemas de Berceo (1230-1250). Clave llegó más tarde, adoptada por vía culta, en la segunda mitad del siglo xvi, y con un significado muy específico que se restringía a lo que sería el sentido figurado de llave: un código secreto, las reglas que revelan su funcionamiento, y aun un conjunto de signos.

No es lo mismo un Idiota, que un Estúpido, que un Imbécil

Actualmente apenas diferenciamos entre estas  palabras y a las tres genéricamente venimos a darle el mismo significado, es decir, el de “Tonto’lculo”. Pero en la realidad, y partiendo de sus orígenes, cada una de ellas significa cosas bastante diferenciadas.
Reconozco que  cuando una persona  se hace merecedora de uno de estos adjetivos, lo normal, es que se le pueda aplicar por extensión cualquiera de los otros dos. Pero en esta entrada vamos a aclarar lo que es de verdad un Estúpido, un Imbécil y un Idiota, para que de este modo podamos hablar con más propiedad y así, cuando insultemos a alguien, podamos hacerlo con el epíteto que más se adapte a sus auténticas cualidades.
Por ejemplo Idiota proviene del griego Idiotes, palabra con la que se designaba a las personas inexpertas o profanas en algún tema o profesión. A lo largo de los siglos el significado fue variando hasta que en el siglo XII entró en nuestro idioma proveniente del Francés Idiot que significa persona ignorante. Es decir, un idiota es un ignorante.
Luego tenemos el Imbécil que proviene del Latín Imbecillis y que significa persona débil o enjuta y aunque en un principio hacía referencia a una dolencia física, con el devenir del tiempo cambió para definir un mal mental y así podíamos calificar a un Imbécil como un “débil mental”.
Por último nos queda el Estúpido cuya palabra viene también del Latín Stupidus y que significa sorprendido o asombrado. Los mismos romanos empezaron a aplicarla de modo despectivo a aquellos que son un tanto timoratos o que se asombran por todo. Resumiendo, un Estúpido es un alelado o un pasmado.
Así que ya lo saben mis queridos lectores: Para no parecer un Estúpido(pasmado) y terminar convertido en un Imbécil(débil mental), lo mejor es no ser un Idiota(ignorante).

Parásitos

Vamos a ver el auténtico significado de la palabra "parásito" y como ha variado con el tiempo ya que en la sociedad actual se ha olvidado lo que realmente fue ser un parásito.

Lo que nos dice la RAE es que proviene del latín "parasītus" y este del griego "παράσιτος", que significa comensal.
La palabra griega estaba compuesta por el prefijo para "al lado de" y sitos "trigo", "pan", "comida".

Los comensales debieron de ser unos curiosos personajes de la antigua Roma cuya función era la de comer gratis.

Sin embargo, en la antigua Grecia, los parásitos debían de ser altos funcionarios encargados de verificar la cosecha de trigo y la preparación del pan, así como los banquetes en homenaje a los dioses. 
Eran considerados como personas sagradas que estaban bajo la protección de los dioses y cuando se celebraban fiestas en su honor, a los primeros a los que se invitaba a los banquetes era a los parásitos.



Los romanos adoptaron y adaptaron esta costumbre.
Cualquier anfitrión romano que se preciase debía de invitar  a su mesa a uno o varios parásitos ya que de esa manera se aseguraban que los dioses te acompañasen y que la comida discurriese satisfactoriamente.
La costumbre evolucionó y esa persona que en el principio tenía rango para hacer de parásito, comenzó a cambiar y a atraer gente de dudosa credibilidad, buscavidas y jóvenes que dilapidaban sus fortunas en el juego y que pululaban de banquete en banquete.


Se distinguían en Roma tres tipos de parásitos: 

Los parásitos aduladores: se esforzaban por caer simpáticos halagando exagerada y continuamente a los invitados y especialmente, claro está, a los dueños de la casa.
Los parásitos sufretormentos: eran el blanco de todas las bromas, desprecios e insultos del resto de invitados, pero que todo lo aguantaban con tal de llenar la panza.
Los parásitos burlones: se mofaban de todo, eran expertos cotillas al tanto de todos los chismes de la ciudad y amenizaban las fiestas con chistes y chascarrillos.

Con el tiempo estos personajes perdieron su categoría y el parasitismo, un acto simbólico y sagrado, acabó convertido en un oficio donde abundaban los sinvergüenzas. 
Un ejemplo de como se vendía un parásito en la calle extraído de una obra de Plauto: 

Vendo frases graciosas. Venid, ofreced: ¿Quién las quiere por una cena? ¿Quién ofrece una comida por ellas?. También vendo adivinanzas griegas de las que hacen sudar. Blandas risotadas para cuando se está bebido , agudezas, halagos y regocijos parasitarios. Un parásito vacío para depositar en él las sobras de la comida. Me es necesario vender esto como sea.

Extracto de una obra de Plauto.



Y así con el tiempo vemos como la palabra "parásito" llegó a tener el sentido  y el significado que hoy en día tiene que también nos lo dice la RAE:
Persona que vive a costa ajena. 
Dicho de un organismo animal o vegetal: Que vive a costa de otro de distinta especie, alimentándose de él y depauperándolo sin llegar a matarlo.