Islas Diomedes, perdidas en el Estrecho de Bering

 
Las Islas Diomede son dos remotas islas situadas en medio del Estrecho de Bering. A una distancia de menos de 4 km entre una y otra las Islas Diomede se encuentran separadas entre sí por la Línea Internacional de Cambio de Fecha. La isla más grande (Gran Diomede) pertenece a Rusia mientras que la pequeña (Pequeña Diomede) forma parte de Estados Unidos. La única habitada es Pequeña Diomede que cuenta con un asentamiento de alrededor de 150 habitantes que se dedican a la talla de marfil y a la caza de ballenas.

Son uno de esos lugares extremos en medio de ninguna parte y a la vez un enclave estratégico de primer orden, al menos antes del fin de la guerra fría. Se encuentran justo a medio camino entre Asia y América, de Rusia y los Estados Unidos.



Haciendo un poco de historia, las islas fueron descubiertas para occidente por el explorador ruso Semyon Dezhnev en 1648, aunque no tomó posesión de ellas para el imperio ruso. Fueron redescubiertas ochenta años después para formar parte (esta vez sí) de Rusia. En 1867, Estados Unidos compró a Rusia Alaska y estableció como nueva frontera las islas Diómedes.


Desde 1800, las Islas Diomede han sido consideradas como un punto estratégico para la construcción de un megapuente o megatúnel transcontinental que uniera Rusia y Estados Unidos. De hecho, el Zar Nicolás II aprobó la construcción de un túnel en 1905, pero el proyecto fue cancelado con el comienzo de la 1ªGuerra Mundial. Después hubo varios proyectos más pero el alto coste de realización, las dificultades técnicas de la obra y los desacuerdos políticos entre Rusia y Estados Unidos dejaron las iniciativas finalmente en el aire.


Actualmente existen varios proyectos para construir un túnel o un puente entre los dos continentes que tendrían como punto fundamental las islas. Aunque aún sólo son planes vagos, el proyecto de puente es el más elaborado hasta el momento y cubriría los 80 kilómetros que separan los dos extremos. Si se llegaran a realizar, sería posible viajar desde Londres hasta Nueva York sin salir de la autopista. Ni que decir tiene que todas estas ideas provocarían un impacto medioambiental catastrófico en uno de los lugares más inexplorados y vírgenes del planeta.


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