El Dorado

El Dorado fue un lugar mítico en América donde se suponía que había grandes reservas de oro que los conquistadores españoles buscaron con gran empeño atraídos por la idea de un lugar con calles pavimentadas de oro, en donde el preciado metal era algo tan común que se despreciaba. 
Muchos de ellos murieron en el intento por descubrir la ciudad, ya que las largas expediciones transcurrían por la selva y a la dureza del terreno había que unir la falta de provisiones.  
Se supone su ubicación en alguna parte de la selva amazónica.


El origen de la leyenda empieza en el año 1530 en lo que hoy son los Andes colombianos, donde el conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada encontró por primera vez a los muiscas o
chibchas, una nación en lo que actualmente se conoce como el Altiplano cundiboyacense. 
La historia de los rituales muiscas fue llevada a Quito por los hombres de Sebastián de Belalcázar y mezclada con otros rumores, se formó allí la leyenda de el dorado, el hombre dorado, el indio dorado, el rey dorado, que había de despertar la codicia de soldados y aventureros.

Parece que la historia en un hecho cierto y fue divulgada por los conquistadores, extendiéndose por el norte de América meridional, descendiendo al Perú y de ahí pasó al Río de la Plata donde no tardaron en asimilar nuevos y fabulosos elementos que la desvirtuaron totalmente.
El mito concluyó por no guardar relación alguna con el cacique dorado, y terminó llamándose El Dorado a las regiones auríferas y diamantíferas de distintos lugares de América, absolutamente imaginarios, a los que se creía emporio de riquezas incalculables. El Dorado  llegó a ser un reino, un imperio, la ciudad de este rey legendario.
 

En busca de este reino legendario, Francisco de Orellana y Gonzalo Pizarro partieron de Lima en 1541 hacia el Amazonas en una de las más fatídicas y famosas expediciones para encontrar El Dorado.
Hay otra leyenda acerca del Dorado que cuenta que en la época de Tahuantinsuyo, cuando los incas se enteraron que Atahualpa había muerto, decidieron esconder todo el oro de la ciudad. La leyenda no dice exactamente dónde se escondió el oro, pero muchas personas piensan que el oro se escondió en el fondo del lago Titicaca, del cual nunca se podrá sacar.

La narración original de la ceremonia del Inidio Dorado se encuentra en la crónica "El Carnero", de Juan Rodríguez Freyle. 
Según Freyle, el cacique sacerdote de los muiscas era ritualmente cubierto en polvo de oro en el festival religioso de Guatavita, cerca del sitio donde hoy está Bogotá.

En 1636 Juan Rodríguez Freyle escribió una versión, dirigida a su amigo Don Juan, el cacique o gobernante de Guatavita:

"...En aquella laguna de Guatavita se hacía una gran balsa de juncos, y aderezábanla lo más vistoso que podían… A este tiempo estaba toda la laguna coronada de indios y encendida por toda la circunferencia, los indios e indias todos coronados de oro, plumas y chagualas… Desnudaban al heredero (...) y lo untaban con una liga pegajosa, y rociaban todo con oro en polvo, de manera que iba todo cubierto de ese metal. Metíanlo en la balsa, en la cual iba parado, y a los pies le ponían un gran montón de oro y esmeraldas para que ofreciese a su dios. Entraban con él en la barca cuatro caciques, los más principales, aderezados de plumería, coronas, brazaletes, chagualas y orejeras de oro, y también desnudos… Hacía el indio dorado su ofrecimiento echando todo el oro y esmeraldas que llevaba a los pies en medio de la laguna, seguíanse luego los demás caciques que le acompañaban. Concluida la ceremonia batían las banderas... Y partiendo la balsa a la tierra comenzaban la grita... Con corros de bailes y danzas a su modo. Con la cual ceremonia quedaba reconocido el nuevo electo por señor y príncipe". 

Debían de existir también otras lagunas en las que se practicaba este ritual y en las cuales se han encontraron piezas de oro.


Las poblaciones muiscas y sus tesoros cayeron rápidamente en manos de los conquistadores y al hacer inventario de las nuevas tierras obtenidas, los españoles pronto se dieron cuenta de que, a pesar de las cantidades de oro en manos de los indios, no había ciudades doradas, ni siquiera minas ricas, puesto que los muiscas obtenían el oro a través del comercio con naciones vecinas. 
Pero al mismo tiempo los españoles empezaron a escuchar historias de El dorado de los indios capturados, y de los ritos que tenían lugar en la laguna de Guatavita, donde se ha encontrado una gran zanja en uno de sus costados lo que evidencia los intentos que se hicieron en 1580 para drenar el lago, vaciarlo y encontrar en el fondo todo el oro.
 

La expedición más famosa en busca de El Dorado fue la de de Francisco de Orellana en 1541, pero hubo otros intentos antes de este. 

Al principio, los exploradores buscaron El Dorado en los Andes colombianos. Sebastián de Belalcázar, quien llevó la historia de los rituales muiscas a Quito, fue un conquistador español que había viajado con Cristóbal Colón y Francisco Pizarro. Buscó El Dorado en el suroeste de Colombia en 1535. 

Nicolás de Federmann, explorador y cronista alemán que participó en la conquista española de Venezuela y Colombia, también dirigió una expedición para buscar El Dorado en 1535. 

El conquistador español Gonzalo Jiménez de Quesada partió en busca de El Dorado en 1536. Después de haber derrotado a los Muiscas y haber establecido a Bogotá como la capital del Nuevo Reino de Granada, Quesada se dio cuenta de que Federmann y Belalcázar también habían reclamado la misma tierra y en un pacífico encuentro llevado a cabo en Bosa, les convenció de regresar a España en 1539 y resolver el asunto.
Mientras los tres entablaban batallas legales por Nueva Granada, otros hombres continuaron la búsqueda. 

En 1541 Gonzalo Pizarro y Francisco de Orellana inician las expedición mas famosa y salen en busca de El Dorado. Terminan en un desastroso viaje por el Amazonas y después de dividirse en dos grupos, Pizarro y sus hombres regresaron a Quito mientras que Orellana continuó el viaje, descubriendo y dando nombre al río Amazonas.

En 1541 el explorador español, nacido en Alemania, Felipe de Utre, emprendió una infructuosa búsqueda de El Dorado a lo largo del Amazonas en el territorio de Omagua. Encontró un territorio densamente poblado, pero ningún reino dorado.


Sir Walter Raleigh fue el primer explorador inglés en emprender la búsqueda. Partió para la Guyana, como la denominó en 1595 y navegó a lo largo del río Orinoco hacia el interior del territorio encontrando algunos objetos de oro, pero nada de las dimensiones de la leyenda.
Después de su intento publicó un libro sobre su viaje titulado "El descubrimiento de la Guyana", donde promovía la exploración del Reino Dorado y así gracias a Sir Walter y a otros fervorosos propagandistes, muchos exploradores extranjeros llegaron a América tras de una quimera.

Parece que existió un camino inca desde el Ecuador hasta las sierras de las Guyanas con puestos de piedra en su recorrido y existe una teoría que explica que el nombre "Guyana" podría provenir del Inca Guayna Capac.

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